
La vida está llena de ciclos. Dios lo ha dispuesto así. Un tiempo para ser niño, un tiempo para ser adolescente; un tiempo para la juventud, el noviazgo y el matrimonio; un tiempo para la paternidad, un tiempo para ser abuelo, etc.
Un ciclo ha terminado. Por 17 años estuve sirviendo a la que seguiré considerando mi iglesia, La Iglesia Evangélica San Pablo, lugar dónde en su misericordia, Dios me permitió nacer de nuevo y semana tras semana, día tras día aprender más de Él y de Su Palabra. Lugar donde conocí personas maravillosas; lugar donde mi esposa de igual manera conoció a Dios, lugar donde nos conocimos el uno al otro y lugar donde nuestra vida se unió en matrimonio.
El pasado domingo 4 de noviembre terminó ese ciclo. No es casualidad que un noviembre del año 1990 llegué por primera vez a San Pablo y un noviembre, 17 años después salga de él para ser enviado por Dios a comenzar un nuevo ciclo.
Fue un momento emotivo; como bien se me recordó, había mucha gente nueva que no me conocía, porque mi propósito nunca fue el que me reconocieran a mi, sino el que a través de mi vida reconocieran a Jesucristo. Desde el altar, donde el pastor, el Dr. Abel Mellado nos dio su bendición, recorría con la mirada a la congregación orando a Dios para que los bendijera y los hiciera prosperar en todo lo que emprendieran.
¡Gracias Señor! Gracias a mis pastores, gracias a mi iglesia.
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